Oslo: en bici por la ciudad verde

Las vistas de la ciudad y de su fiordo desde Holmenkollen son espectaculares.

Oslo ofrece a sus visitantes su cara más amable los meses de verano y hasta la aparición del duro invierno. Cuando sus habitantes aparcan los esquís y la nieve ya no es un elemento omnipresente, la capital noruega se llena del medio de trasporte más en auge los últimos años en la ciudad: la bicicleta.

Y no es de extrañar. Si al servicio público de alquiler de bicis le sumamos que las distancias dentro de Oslo no son grandes, que existen numerosos carriles dedicados a los ciclistas y que la naturaleza se mezcla con el asfalto en casi cualquier rincón de la urbe, es fácilmente entendible que la bicicleta haya ganado protagonismo entre locales y turistas.

Pero nosotros queremos destacar otro motivo para invitarte a descubrir sobre dos ruedas uno de los destinos más alejados del continente. Y es que la relativamente moderada afluencia de visitantes es uno de los atractivos de Oslo frente a otras ciudades mucho más masificadas de Europa.

Alquiler público de bicicletas

Las estaciones del servicio público de bicicletas se encuentran distribuidas por las zonas más transitadas de la ciudad.

Pero empecemos por el principio: conseguir una bici. Si has decidido no viajar con la tuya en avión, puedes alquilar alguna en las tiendas especializadas, pero lo más sencillo es recurrir al servicio público. Oslo Bysykkel dispone de más de 100 puntos de aparcamiento y existen pases de 1 día, 3 jornadas o anual que se pueden adquirir a través de la propia web del servicio o la oficina de turismo de la ciudad.

Debido a la climatología de este país escandinavo, el servicio suele estar activo sólo de abril hasta principios de diciembre, cuando la nieve no cubre las calles. En ese sentido, debes tener en cuenta que el mes más cálido es julio y que durante el verano la temperatura de la ciudad es muy adecuada para la práctica del deporte, sobrepasando los 20º pero sin llegar a calores extremos. Sin embargo, no olvides un impermeable en tu maleta, ya que las lluvias son frecuentes e inesperadas en cualquier estación.

No faltan tampoco tours guiados en bicicleta por Oslo, como por ejemplo Viking Biking, con visitas diarias en inglés desde abril a noviembre. Muy aconsejables también.

Al borde del mar

La zona del puerto, frente al ayuntamiento, es una de las más animadas de Oslo.

Una vez equipados y con la bicicleta a punto, ¡ya puedes lanzarte por los cientos de kilómetros de carril bici de Oslo! Te recomendamos comenzar el itinerario en la ópera. Junto al mar y con el aspecto de un blanco iceberg, es uno de los iconos más admirados y emblemáticos de la ciudad. Además, cuenta con el atractivo de poder pasear incluso por su inclinado tejado. Para vivir esa experiencia y comprobar las vistas que ofrece el punto más alto de la ópera tendrás que apearte de tu montura, aunque vale mucho la pena.

La visita a la ciudad continuará bordeando el mar, pasando frente al Ayuntamiento y el Centro del Premio Nobel de la Paz (el único que se entrega en Noruega), hasta llegar a Aker Brygge, una zona colindante al puerto del que zarpan varios ferris que llevan a diferentes lugares del fiordo de Oslo. Como activo centro de compras y ocio, tendrás la posibilidad de pasear, observar el ambiente y disfrutar de alguno de sus pubs o restaurantes.

La península de los museos

En Bygdøy encontrarás numerosos museos, como el Marítimo o el Fram.

Continuando por el carril bici que bordea el espectacular puerto de la ciudad, en paralelo a la carretera E-18, encontrarás Bygdøy. Esta península, situada al oeste de Oslo, es una de las zonas verdes más frecuentadas por sus habitantes, especialmente en verano, cuando pueden disfrutar de playas como Huk o Paradise y de actividades al aire libre como el propio ciclismo.

Si decides recorrer esta zona, lo primero que encontrarás al acceder por la carretera principal será la granja real, con sus reales vacas paciendo tranquilamente en las praderas que la rodean. Un poco más adelante, se sitúa la residencia de verano de los reyes de Noruega. A partir de ese punto, podrás escoger el recorrido que más te apetezca, aunque todos acaban junto al mar. A través de alguno de los caminos asfaltados o de tierra te acercarás a alguno de los museos más conocidos de la ciudad, como el Museo Popular Noruego, el Kon-Tiki o el Museo de Barcos Vikingos.

Bygdøy te ofrece, además, la posibilidad de hacer un alto y comer entre visita y visita. Normalmente los noruegos sólo hacen un pequeño descanso a mediodía para degustar algún sándwich frío, de salmón, rosbif o pollo, por ejemplo. Otras opciones de avituallamiento para ciclistas son los numerosos locales de comida rápida que podrás encontrar especialmente en las calles más céntricas de Oslo.

Una ruta entre parques

El gran parque de Vigeland es uno de los más populares gracias a sus esculturas.

De nuevo sobre la bici, puedes seguir la ruta y volver a la ciudad para visitar su centro, agrupado alrededor de la Karl Hans Gate. A lo largo de esta importante avenida se encuentran muchos de los edificios más emblemáticos de la capital noruega. Es el caso de su catedral gótica, el parlamento, la universidad y el teatro nacional, pero también de numerosos comercios, cafés, discotecas, clubs… Este recorrido desemboca en el palacio real, residencia oficial de los reyes Harald y Sonia, y que está rodeado de amplios jardines abiertos a todos aquellos que quieran pasear, practicar footing o darle a los pedales.

Oslo es una de las ciudades del mundo con más parques y zonas verdes por los que poder disfrutar de la bicicleta. No muy lejos del que rodea al palacio real se encuentra uno de ellos, que destaca por su fama: Vigeland. Desde el hogar de los reyes de Noruega accederás a él atravesando las tranquilas calles del barrio más exclusivo de la ciudad y sus casas de madera típicas de principios del siglo pasado.

Vigeland es un extenso parque de amplios jardines de diseño muy particular. El gran número de estatuas desnudas que lo pueblan le han hecho ganarse el nombre de “pornopark” entre los habitantes de la ciudad y es una de sus postales más internacionales para los turistas, pero en cualquier caso es un excelente escenario para recorrer en bicicleta por los amplios carriles que lo surcan.

Fiordos y modernidad

También podrás ir a la playa en Oslo, y, cómo no, en bicicleta.

Descubrir Oslo en bici, además de una buena opción, es sencillo. Sin cuestas, con calles amplias, carriles bici y distancias cortas, es una de las mejores capitales europeas para ello. Asimismo, suma otros atractivos al tratarse de una climatología, orografía y cultura tan diferente a la nuestra.

Por ese motivo, es muy recomendable también recorrer el fiordo de Oslo en uno de los ferris que parten de la ciudad o, para los ciclistas, coger alguno de los que trasladan a alguna de las islas más cercanas a Oslo para recorrerla a través de su espesa vegetación.

Para los que prefieran tomar el pulso urbano, les recomendamos la zona este: Grünerløkka. Bordeando el río, descubrirán un tradicional barrio industrial y obrero que ha florecido en los últimos años gracias a bares de moda, locales de barrio, tiendas y restaurantes. Un breve paseo entre el no demasiado intenso tráfico de la urbe te llevará también hasta el Museo Munch, el artista noruego más internacional.

Bosques y montañas

La colina Holmenkollen, otro paraíso ciclista en Oslo.

Más de la mitad de la superficie de Oslo es bosque. Por eso, sus habitantes viven la naturaleza mucho más que otros ciudadanos de grandes capitales. De hecho, sólo a 20 minutos del centro de la ciudad, disfrutan de gran parte de su ocio tanto invernal como estival en la colina Holmenkollen.

Con vistas espectaculares sobre Oslo y su fiordo, Holmenkollen es escenario de la práctica de esquí, esquí de fondo, travesías en trineo… En verano, en cambio, sus caminos se secan y se convierten en una excelente opción para los ciclistas. La zona les proporciona todo lo que pueden necesitar, como tiendas de alquiler de bicis y hoteles, pero además pueden pernoctar en casi cualquiera de sus rincones -la acampada en Noruega es libre con muy pocas excepciones-.

Una vez subidos en la bici puedes recorrer multitud de caminos frecuentados por los autóctonos y de dificultad variable, pero en cualquier caso carriles de tierra o asfalto amplios y cuidados. Si las fuerzas fallan, la mejor opción es hacer un alto en alguna de las muchas cabañas tradicionales y granjas que hacen las veces de bar o restaurante y que se encuentran en muchos rincones de este monte. Sin duda, una manera inmejorable de acabar una visita a Oslo en bicicleta de forma relajada.

Galería de fotos

FOTOS: Eva García/Visit Oslo

 

Autor: Fran García

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